“LAS ESPIROQUETAS”, libro de cuentos de Alberto Calderón P.

Maricarmen Delfín Delgado

El hombre ha tenido la necesidad de comunicarse desde épocas remotas, de transmitir necesidades, conocimientos y sentimientos, como manera natural de enseñanza y aprendizaje; así nació una de las formas más antiguas de literatura popular de transmisión oral: el cuento. Útil instrumento del ser humano para conocerse y darse a conocer, con elementos regionales, históricos y mitológicos, mostrando una realidad con fantasía y haciendo de la fantasía la mensajera de su realidad.

Desde el primero que apareció en Egipto 2000 años A.C., pasando por Grecia con Esopo y en Roma con Ovidio, proliferando en el Medievo, el cuento ha sobrevivido y se ha fortalecido hasta nuestros días, con tal preponderancia que es la herramienta por excelencia en el campo pedagógico y valioso aliado terapéutico.

Encontraremos variadas definiciones de cuento, la formal que dicta la RAE: “es la narración de un suceso notable, que incluye descripción, diálogo y reflexión”. Para Carlos Mastrángelo es “una serie breve de incidentes, de ciclo acabado y perfecto como un círculo, siendo muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes en sí”. Edmundo Valadés opinó que “el cuento escapa a prefiguraciones teóricas: si acaso, se sabe que su única e inmutable característica es la brevedad”. Juan Armando Epple distingue cinco condiciones básicas: brevedad, singularidad, temática, tensión e intensidad. “El criterio fundamental para reconocerlos como relatos no es su brevedad, es su estatuto ficticio.”

En un plano práctico diremos que en el cuento interesa lo que está sucediendo y cómo terminará la historia que envuelve al lector, llevada en cortos intervalos de tiempo y espacio indeterminado, con un final impredecible y adecuado para sorprender. Atractivo por ser menos realista que otros géneros literarios, franco y ligero, condensado y cerrado. Todo este entramado sería imposible sin el elemento que da vida a la historia e historia a la vida: la imaginación.

Sobre este punto, Juan Rulfo expresó: “Todo escritor que crea, es un mentiroso: la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación. […] en la imaginación hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar, es decir, darle forma. Estos tres puntos de apoyo es todo lo que requiere para contar una historia. Para mí, lo primordial es la imaginación.”

Para Julio Torri había dos clases de escritores: los de la imaginación y los del sentimiento; los primeros suelen ser buenos artesanos, los segundos necesitan tener genio para ser tolerables.