Fuga de los sentimientos

Maria del Carmen Delfín Delgado

Suele suceder que absurdamente, no los dejamos fluir, los retenemos sin saber realmente el porqué, divagamos, nos limitamos y vamos llenando el corazón con sentimientos que debieron ser compartidos y llegar a otros corazones, entonces no resisten y se fugan, necesitan llegar a sus destinatarios, alojarse donde debieron estar desde tiempo atrás.

“Fuga de los sentimientos”, reciente obra del escultor y pintor xalapeño Héctor Cabañas Álvarez, es todo esto, un cúmulo de historias que se habían guardado sigilosamente, situaciones y acontecimientos que forman parte de una y de muchas vidas entrelazadas, recuerdos de juventud, el amor a los padres, las memorias de la abuela, los buenos amigos, el amor y la pasión. Encontramos además, historias fantásticas que viajan del fondo del mar al infinito del Cosmos, nos permiten entrar en otros universos maravillosos a través de un Quásar, hallar fundas para los desprotegidos gusanos, conocer un hombre que aparenta serlo pero en realidad es un perro, disfrutar de montañas y vegetación que cobran vida al cobijo de un pueblo mágico, introducirnos a un santuario nocturno con la luz de las luciérnagas compitiendo con la luz propia, atemorizarnos con una estatua que cobra vida y se lleva la de su escultor.

Héctor Cabañas sorprende con su primera incursión en estos géneros, suelta la pluma y la tinta con gran facilidad, hace uso de los recursos literarios necesarios para comunicar su idea de forma bella y creativa, se ajusta a los cánones del cuento que lo hacen atractivo por ser menos realista que otros géneros literarios, franco y ligero, condensado y cerrado. Todo este entramado sería imposible sin el elemento que da vida a la historia e historia a la vida: la imaginación.

El autor plasma en sus cuentos y narraciones sentimientos negativos y positivos: la ira, el miedo, la nostalgia, la tristeza, la soledad, la alegría y el amor, consecuencia de diversas emociones, con sus letras nos induce a sentirlos, plasma de manera sencilla y con lenguaje coloquial situaciones cotidianas, comparte en cada párrafo el sentimiento propio que adereza con situaciones chuscas. Su identificación y preocupación por la naturaleza es evidente, hace un alto para reflexionar acerca de nuestros pueblos, su lengua, sus tradiciones.

El amor es el sentimiento que expresa con mayor énfasis, en “Carta de amor” deja fluir la esencia de su pasión, abre su alma para que entre la de su amada en una fusión íntima: “ las palabras al rose, al espiral, que iniciamos distantes, y nos va uniendo, hasta encontrarnos en ese punto donde tu y yo amalgamamos, donde penetramos el uno con el otro, donde te succiono, hasta por mi nariz, y por mis ojos, por mis oídos y no dejo nada de ti, y cuando circulas por mis vértebras, mis tuétanos y mi sangre, sé que tú ya hiciste lo mismo, y también yo estoy ahí…dentro de ti”.

Dios, el Creador, también está presente en sus sentimientos, es la luz que guía su vida, el amor hacia él se ve constantemente reflejado, todo está creado por sus

manos y su voluntad, es el amigo que nunca abandona y es el padre protector: “cada que vayas a trabajar extiende tus manos y mira hacia el cielo, y pídele al Supremo Creador que bendiga tus manos y tu intelecto”, “ Cuanta seguridad te da el poder de nuestro señor. Bien dice la palabra de Dios: somos más que vencedores, si Dios está con nosotros, quien contra nosotros.”

Su madre siempre presente en su obra, la menciona en variados títulos y diversas situaciones, el amor materno que se profesa incondicionalmente, vínculo inquebrantable hasta el último día de su vida, guía y cimiento, aparece entre líneas, surgiendo para reforzar lo narrado. Como en El tianguis: “corrí y corrí hasta perder el aliento. Pensé, si mi mamá supiera que hasta ando arriesgando la vida para llevarle siquiera un par, pero no, yo le quiero llevar una docena”. El día que el tiempo se paró: “Yo espero que todo vuelva a la normalidad, que llegue la noche, amanezca y salga el sol, y pueda volver a la escuela, y luego regresar a la casa y ver a mi mamá”. En Los Quásares: “Salió sin darle un beso a su mamá, estaba muy nervioso, no sabía a lo que se iba a enfrentar”.

La relación con su padre, los días felices de la infancia que pasó con su madre, lo recuerda como hombre poco apegado pero responsable y muy trabajador, sus aventuras amorosas, la convivencia en los días que sus enfermedades lo agobiaban y los últimos momentos antes del final donde logró que se entregara a Dios como su salvador.

Así es el recorrido por el imaginario del autor, con tristezas, alegrías, sorpresas y reflexión, donde los sentimientos anidados en su corazón quedaron plasmados en estas páginas para no fugarse jamás.

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